En 1999, un dermatólogo le dijo a José Luis Aguilar Sánchez que dejara de malgastar su dinero. Tenía 58 años, era ingeniero de profesión y la psoriasis cubría casi el 90% de su cuerpo. En lugar de darse por vencido, regresó a su casa, a su garaje en Querétaro, y comenzó de nuevo.